No sólo se lleva en el corazón.

Estoy seguro que nunca habéis sentido nada igual. Pienso que debe ser lo que siente un suicida sobre la barandilla, cuando su cuerpo ya se encuentra más adelantado que su vertical. Debe ser la sensación que sufren esos boxeadores justo en el momento después de noquear a su contrincante , y justo antes de arrepentirse de haberle quitado la vida.


Aquí me encuentro yo. Con los oídos sangrando, los brazos en cruz y de puntillas, intentando respirar lo más profundamente posible para que en todos y cada uno de mis alveolos se impregne de este maravilloso olor a pólvora. Quien me iba a decir que el día de mi boda estaría en Brooklyn llorando como un niño y abrazando a este pirotécnico del que tanto había oído hablar y al que ahora le debía la vida.

3 comentarios:

Pau dijo...

y esto de ande es??

Pau dijo...

pero que foto maaaaaas boniiita :D


:P

Lein dijo...

No digas eso, que la gente ya sabe que las fotos son tuyas.

 
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